BaaS o infraestructura propia: cómo decidir

Publicado el 9 de abril de 2026 · 3 min de lectura

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El mercado de «Banking as a Service» en Brasil debería generar un volumen de negocio de unos 2.000 millones de dólares estadounidenses de aquí a 2030, según las previsiones de Grand View Research. Este modelo se ha consolidado como la principal vía de acceso a la infraestructura financiera para aquellas empresas que no quieren o no pueden obtener su propia licencia. Sin embargo, el contexto que ha permitido este crecimiento está cambiando.

La Resolución Conjunta n.º 16/2025, publicada por el Banco Central en noviembre, estableció un nuevo marco regulador para el sector. Entre los principales cambios se encuentran el requisito de exclusividad por tipo de cuenta; la responsabilidad íntegra de la entidad prestadora sobre las operaciones del prestatario; y unos plazos de adaptación que se extienden hasta diciembre de 2026.

En la práctica, esto significa que el coste de gestionar un acuerdo de BaaS ha aumentado. Los proveedores deben invertir más en auditoría, supervisión y gobernanza de sus socios. Este coste se repercutirá. Al mismo tiempo, el requisito de exclusividad reduce la flexibilidad de los prestatarios que antes diversificaban entre diferentes socios.

Ante estos cambios, la decisión sobre qué modelo de infraestructura adoptar se ha vuelto más compleja. No existe una respuesta única, pero es posible trazar diferentes escenarios.

Cuándo sigue teniendo sentido el BaaS

El modelo sigue siendo una opción válida para empresas que están probando productos financieros y aún no tienen claro el alcance de la oportunidad. También tiene sentido para negocios en los que los servicios financieros son complementarios a la actividad principal y el volumen de transacciones no justifica la inversión en infraestructura propia.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el acceso al BaaS se ha vuelto más restrictivo. Al haber aumentado la responsabilidad, los proveedores tienden a ser más selectivos a la hora de elegir a sus socios. Las empresas más pequeñas o con una menor previsibilidad de ingresos pueden tener dificultades para cerrar contratos en las condiciones que existían antes de la regulación.

Cuándo buscar un mayor control

Para las empresas en las que los servicios financieros constituyen una parte fundamental de la propuesta de valor, la dependencia de un socio de BaaS representa un riesgo estratégico. La hoja de ruta de desarrollo queda supeditada a las prioridades del proveedor. La personalización tiene límites contractuales y técnicos. Y la exclusividad impuesta por la nueva normativa elimina la posibilidad de diversificar proveedores.

En estos casos, existen dos vías. La primera es solicitar una licencia propia ante el Banco Central, ya sea como entidad de pago o bajo otra modalidad. Esta vía exige capital regulatorio, personal especializado y capacidad para mantener una operación de cumplimiento normativo continua. Es viable para empresas con escala y ambición a largo plazo en el sector financiero.

La segunda vía es un modelo híbrido: mantener la licencia con un socio regulado, pero asumir el control de la infraestructura tecnológica. Las soluciones de core banking y de libro mayor permiten a la empresa gestionar su propia base de datos, definir su arquitectura y tener autonomía sobre el producto. La dependencia regulatoria se mantiene, pero la dependencia tecnológica disminuye.

Qué hay que tener en cuenta a la hora de tomar la decisión

Hay tres variables fundamentales en este análisis. La primera es el volumen de transacciones. Existe un punto en el que el coste fijo de mantener una infraestructura propia resulta inferior al coste variable de un acuerdo de BaaS. Identificar ese punto es fundamental.

La segunda es la relevancia estratégica. Si la capacidad de innovar en productos financieros es una ventaja competitiva, externalizar la infraestructura limita esa capacidad. Quien controla la tecnología controla la velocidad de evolución del producto.

La tercera es la capacidad de ejecución. Disponer de infraestructura propia requiere personal, gobernanza y capital. No todas las empresas están preparadas para ello, y subestimar esta complejidad puede resultar más costoso que permanecer en un modelo BaaS.

El mercado de BaaS no va a desaparecer. Pero el perfil de quienes lo utilizan y las condiciones de acceso están cambiando. Para quienes están evaluando su estrategia de infraestructura financiera, el momento exige un análisis más minucioso que el que se requería hace dos años.


Maísa Amaral es cofundadora de Lerian y formó parte del equipo fundador de Dock, donde estructuró las operaciones jurídicas y normativas de la fintech que se convirtió en uno de los principales «unicornios» de Brasil.

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